En el capítulo “La pesca de la totoaba” pude conocer más a fondo el tema local respecto a la historia de cómo el buche de la totoaba se convirtió en un alimento tan preciado para los chinos y en ganancias para los del golfo. Munro indica
“Al crecer la demanda del buche que los chinos de Sonora enviaban a San Francisco y después a la Gran China, los pescadores empezaron a salir a buscar este pez”.También nos habla acerca de que la tan polémica técnica de la red de enmalle fue adoptada de los japoneses para 1938, y es curioso pensar que el anterior carácter racista de los sonorenses se haya desvanecido en esos aspectos. Algo que también rescato de la obra, es que entre las familias portuarias cada miembro tenía su puesto establecido para el trabajo, ya que mientras los padres de familia salían a pescar, los hijos y las madres emprendían la labor de descargue y separar el buche de la especie, así como limpiarlo para posteriormente enterrar los restos del pescado, que era todo aquello que no fuera el buche.
Algo muy importante para el estudio de la población pesquera, lejos de simplemente analizar las cuestiones económicas del oficio que tanto orgullo les provoca, es sin duda conocer lo que son los pescadores, sus hijos y todos aquellos que comen pescado. Para esto, en el capítulo “María de Jesús y Adolfo León”, nos platica un poco sobre la comida, y me recuerda al significado que le da Nemer Narchi a los platillos y la increíble fuerza tanto en cultura e identidad que tiene entre cualquier población, y la describe como
“por la tarde, el olor a frijoles cocidos inunda el campo pesquero. El aroma de los alimentos preparados espera la llegada de las embarcaciones. Pescado frito en manteca, caldo de pescado… machaca de pescado… el delicioso aroma a tortillas de harina”.Algo que también es muy importante a la hora de analizar culturas es la infancia, pues mediante de ellos se ven las costumbres que crecen intrínsecas y casi involuntariamente, así hace una leve descripción de lo que es la «chiquillada», con restos de sal en la ropa, en sus collares, en el cabello y en la espalda, descalzos y sin playera siempre preparados para adentrarse en el mar, y menciona que todo era bueno bajo su ojo cronista, incluso la escasez de agua dulce y la falta de higiene.
De este modo, los testimonios significan memoria, y la memoria es Historia.

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